El fenómeno migratorio es parte de la naturaleza humana, por miles de años las personas ha migrado para obtener un mejor nivel de vida. En la actualidad este sigue siendo uno de los motivos primordiales que mueven a las personas de un territorio a otro. Los Estados deben de garantizar las condiciones para que sus pobladores puedan acceder a un crecimiento y desarrollo que les permita vivir de manera digna. Pero cuando existe una carencia de estas condiciones o se brindan y proveen resultados ineficaces, una de las opciones que toman los pobladores de un Estado, es la migración.

En Centroamérica los gobiernos intentan proveer a sus ciudadanos los medios para que puedan vivir en un entorno estable y de bienestar, aunque en ocasiones existen factores que provocan la migración forzada de los individuos e incluso familias. Entre los factores, la violencia asociada a las acciones que realizan los grupos delincuenciales de maras, pandillas o como parte del crimen organizado sobresale. Las situaciones de violencia no son condiciones favorables para el desarrollo de los individuos en la sociedad, es por ello que familias e individuos migran de manera forzada para alejarse de los peligros y entornos negativos que podrían vivir en sus países de origen.

En las migraciones forzadas es frecuente que los ciudadanos busquen una opción externa una vez que han agotado las instancias policiales entre otras autoridades en su país de origen, esto deriva en casos de migrantes irregulares, ya sea por huir de manera más rápida de alguna situación de violencia, falta de ingresos económicos o de los debidos requisitos migratorios como visas o permisos de estadía. Las personas se establecen en otro país y buscan dejar atrás la inseguridad que sufrían en sus países.

La violencia generada por pandillas y maras

Las pandillas y maras en Centroamérica son grupos que operan en un nivel organizacional, es decir, poseen jerarquías, se dedican a diferentes actividades, trabajan en equipo, tienen procesos de cambio y mantienen redes de comunicación. Las maras predominan en Guatemala, Honduras y El Salvador, mientras que las pandillas se extienden por toda Centroamérica.

Cuando la inseguridad aumenta, se pierde la tranquilidad, e incrementa el temor y la violencia y las fronteras nacionales tienden a cerrarse porque cada gobierno responde por la protección a sus ciudadanos. (El Nuevo Diario. Migración, 2016)

Generalmente las maras se establecen en barrios y aprovechan la vulnerabilidad social de los pobladores utilizando la extorsión, secuestro y otras actividades ilegales para ir tomando el control de las comunidades, y el poder duro que ejercen dentro de la sociedad es tan grande que se ven afectadas personas de todos los ingresos económicos.

Hasta ahora el país donde más se han desarrollado los grupos de maras y pandillas ha sido en El Salvador, debido a que en este país se encuentran establecidos los grupos de Maras que constituyen organizaciones delincuenciales originados a finales de la década de 1970 y 1980 con refugiados de la guerra civil salvadoreña en Estados Unidos que luego fueron deportados y se llevaron a El Salvador la criminalidad y violencia que vivieron en los barrios migrantes de Estados Unidos donde predominaban las pandillas. La Mara Salvatrucha ha crecido en cantidad de integrantes, financiación (especialmente del crimen organizado) y de poder (control social) de tal forma que ha sido un reto para la policía e incluso el ejército de El Salvador desintegrarla y esto ha dado lugar a que nuevos grupos de maras y pandillas se conformen en el territorio. (La Prensa, 2017).

Según un estudio elaborado por el Programa Mundial de Alimentos de la Organización de Naciones Unidas (ONU) y presentado en agosto del 2017 por la Organización de Estados Americanos (OEA), en El Salvador la violencia que se vivía era la principal causa de migración comparado con sus vecinos Guatemala y Honduras que también sufren de este problema.

En esta tabla se refleja la preocupación de una persona cuando es víctima de crimen o violencia. Entre más siga rodeado de un ambiente negativo que pueda poner en riesgo su vida mayor serán las intenciones de migrar para evitar nuevamente una amenaza. De acuerdo con un reporte del New York Times a finales de 2016 la violencia de las pandillas en El Salvador, Honduras y Guatemala —además de la desesperación económica— ha motivado un imparable éxodo de migrantes, incluyendo a familias enteras, que buscan seguridad en otros países, principalmente en Estados Unidos (New York Times, 2016).

Las familias se ven en peligro debido a la influencia que han creado las maras y pandillas en la comunidad. Estos obligan a las familias a pagar extorsión que la mara establece en un determinado período de tiempo y de esta manera reciben financiación de parte de la sociedad. Además se han visto involucrados con el crimen organizado y han realizado amenazas a miembros de la administración pública (El Mundo, 2017).

Las extorsiones ocurren también hacia los civiles propietarios de empresas privadas. Solo en Honduras, "... entre 2012 y 2013 cerraron unos 18,000 negocios por las presiones de los pandilleros y consecuentemente se perdieron al menos unos 72,000 empleos directos” (Ieepp, 2016).

En ocasiones intentan reclutar a los hijos de las familias afectadas para que sean nuevos integrantes a los que podrían involucrar en actividades de narcotráfico u homicidios, si los padres no están de acuerdo podrían poner en riesgo las vidas de sus hijos. Las víctimas no realizan las denuncias por miedo a que las pandillas los dañen a ellos y a sus familias.

La población se encuentra desprotegida ante estas situaciones de violencia, mientras que el actuar de las autoridades no es suficiente para ayudar con la disminución del problema. Los civiles son los que tienen la tarea de enfrentarse con el peligro de seguir conviviendo con estos grupos delincuenciales o emprender el camino hacia otro país corriendo muchos riesgos al ser migrantes irregulares debido a los caminos que no prestan las condiciones de un viaje seguro y los medios de transporte significan un riesgo.

Mientras que el problema interno no se solucione más familias seguirán migrando y el país de origen será el que termine siendo afectado por las consecuencias, dejando que familias enteras que generan ingresos, fuerza de trabajo, parte de la población económicamente activa y de la que depende el desarrollo de un Estado, huyan de manera forzada debido a la violencia que viven.

Violencia generada por Crimen Organizado

El crimen organizado genera violencia en Centroamérica al ser parte de una red delictiva que utiliza medios coercitivos para lograr sus objetivos. Parte del crimen organizado es la narcoactividad, contrabando, extracción ilegal de órganos, tráfico de armas y trata de personas. La Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), define la trata de personas como una práctica que “consiste en utilizar, en provecho propio y de un modo abusivo, las cualidades de una persona”.

La premisa fundamental es el daño que ocasiona el crimen organizado a la sociedad. El contrabando y narcotráfico afecta a la economía con respecto al Estado cuando este deja de percibir los ingresos y únicamente se emite el consumo por parte de estos grupos, además de la actividad comercial ilegal que genera empleos informales. Además de la parte económica también afecta al entorno social de la población. Mientras la sociedad se rodea de estos negocios ilícitos, se da lugar a la formación de grupos delincuenciales como las pandillas, los narcotraficantes que proveen drogas y se aprovechan del desempleo y la extorsión para conseguir personas que transporten drogas y armas a otros países. Otro problema que surge del crimen organizado es la trata de personas donde se deriva la explotación sexual y laboral de mujeres, hombres y la niñez además de la extracción ilegal de órganos.

La población al estar vulnerable ante estas situaciones migra hacia otro destino donde puedan tener más seguridad en comparación con su país de origen. Otro escenario es cuando las personas han decidido migrar en busca de mejores oportunidades y en el camino se encuentran con grupos de crimen organizado que los explotan con la promesa que van a ayudarlos a llegar a su destino. De acuerdo con la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) el 70 por ciento de migrantes centroamericanos indocumentados repatriados por autoridades estadounidenses había contado con traficantes para su ingreso a Estados Unidos.

Se han realizado múltiples esfuerzos por parte de los países para tratar de frenar al crimen organizado como el resguardo de las fronteras y la incautación de armas y drogas así como programas para ayudar a las víctimas de trata de personas, pero el problema sigue latente, es difícil estimar cuantas personas están siendo afectadas por este problema pero se debe detener para evitar las consecuencias graves que provoca en la sociedad.

Tanto las pandillas y maras como el crimen organizado corresponden a un desafío vigente de la sociedad en la región centroamericana y el Caribe. Son problemas que afectan a las familias y la inseguridad que se provoca de esto causa una movilidad irregular que los expone a muchos peligros. Se requiere un actuar efectivo de los actores locales como una reforma en la formulación de políticas para evitar el crecimiento de estas organizaciones criminales y protección para las personas vulnerables, esto con el objetivo de cortar la causa del problema y brindar seguridad a la sociedad, de esta manera se disminuirá las movilidades humanes irregulares y se promoverá la integración en la región.