El PGR 2013 y el 9% del ajuste salarial para los maestros

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“Quién diga que la educación es cara, no ha calculado el costo de la ignorancia”
G.A Ponce

Adelmo Sandino

Adelmo Sandino

Recientemente el Gobierno envió a la Asamblea Nacional, el Proyecto de Presupuesto General de la República 2013; en el cual se establece, entre muchos otros aspectos del gasto público, la política salarial que regirá el año próximo en las instituciones públicas.

Siendo que la masa salarial del Gobierno absorberá más de un 25 por ciento del monto global en el presupuesto de gastos, hablar de los salarios en el presupuesto no es un tema menor, sobre todo cuando la política salarial afecta directamente a los maestros del país, quienes representan la mitad de los trabajadores en el Gobierno.

Al respecto, el Presupuesto establece un ajuste salarial del 7 por ciento para todos los trabajadores gubernamentales, con la excepción de los trabajadores del Ministerio de Salud y del Ministerio de Educación, quienes recibirán un ajuste del 9 por ciento. Pero, ¿qué puede significar este ajuste para los 45,800 maestros nicaragüenses de las escuelas públicas? En realidad, ninguna mejoría en el poder adquisitivo de este sector.

En efecto, este ajuste salarial equivalente a 360 córdobas al mes (es decir, 15 dólares), difícilmente aportará al bienestar de los maestros y el de sus familias; si consideramos que sólo la inflación alcanzará, según la estimaciones oficiales, un 7.3 por ciento en 2013; es decir, que de entrada el salario real de un maestro, y por tanto su poder de compra, prácticamente no experimentará mejora alguna.

El problema de fondo está en que Nicaragua invierte muy poco en mejorar las condiciones salariales y laborales del magisterio, incluso cuando se compara con los países más pobres del mundo. Por ejemplo, mientras en Tanzania, siendo uno de los más pobres de África Subsahariana, cuyo ingreso per cápita es la mitad del ingreso per cápita de Nicaragua, el salario promedio de un maestro se ubica entre 120 y 190 dólares al mes. Mientras que en Nicaragua, un país de renta media baja, los maestros devengan un salario básico mensual de 170 dólares al mes.

De manera que, mientras el salario de un maestro en Tanzania supera en 2.4 veces el PIB per cápita de ese país, en Nicaragua esa relación sólo es de 1.5 veces. En otras palabras, en términos absolutos y relativos, el salario de los maestros nicaragüenses es dramáticamente inferior al salario de sus homólogos, incluyendo los de países más pobres.

Pero además de los bajos salarios que devengan los docentes, éstos se encuentran presionados por lograr buenos resultados con respecto a las metas educativas, enfrentando toda serie de dificultades para desarrollar plenamente su profesión; tales como falta de una infraestructura adecuada, carencia de bibliotecas, supernumerario de alumnos, carencias de material didáctico, equipos de laboratorio, etc.; situación que termina impactando en la calidad de los servicios educativos, y en definitiva en los niños, niñas y adolescentes y en la competitividad actual y futura del país.

Brindarles una verdadera prioridad en el presupuesto a la educación pública, necesariamente pasa por revisar y encontrar los espacios fiscales en el presupuesto, para otorgar un ajuste más digno a sus salarios. Dicha revisión no sólo debe realizarse a partir de los techos presupuestarios, considerando que las finanzas públicas presentan una posición de superávit fiscal, sino también del grado de inequidad salarial en el sector público.

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