A defender la reducción de la pobreza

Adelmo Sandino

La Fundación Internacional para el Desafío Global, Fideg recién publicó los resultados de su Informe 2011 sobre la pobreza. De acuerdo con FIDEG, basada en su Encuesta de Hogares, la pobreza en Nicaragua se redujo al situarse en 44.1% de la población total. La pobreza extrema, y particularmente la rural, ha experimentado una mejora importante.

Si bien la pobreza general urbana se ha mantenido prácticamente estática, las mismas estadísticas de FIDEG reflejan que la pobreza extrema rural ha tendido a reducirse, pasando de 18.2% en 2009a 15.9% en 2010 y 11.6% en 2011.

De acuerdo con FIDEG, tres son los factores principales que explican esa mejoría en el bienestar de la población: mejoría en el consumo de los hogares rurales, el envió y montos de remesas familiares y los programas asistenciales del Gobierno.

Para efectos de este artículo me referiré al primero de estos factores. En su afán de entender estos cambios positivos FIDEG vincula el auge de la actividad agropecuaria con la mejoría en los niveles de pobreza extrema en el área rural, cuya población se ha visto beneficiada por el repunte sostenido en los precios internacionales de los alimentos a nivel mundial.

Sin embargo, una pregunta que surge al respecto es ¿qué tan sostenible podrá ser la tendencia a la reducción de la pobreza, cuando en los últimos años ha dependido casi exclusivamente de factores externos y, en menor medida,del esfuerzo interno por modernizar el aparato productivo?

La coyuntura internacional ya augura una tendencia en contra de estos resultados. Según la FAO, al mes de junio de 2012 se observa una “caída brusca” en su índice de precios de los alimentos, los cuales han retrocedido un 14 % respecto su máximo alcanzado en febrero de 2011. El precio del azúcar, los cereales y los productos lácteos son los más afectados.

Si bien este debilitamiento provino de mejores perspectivas de oferta estos también se dan en un momento de crecientes niveles de incertidumbre económica a nivel mundial, como consecuencia de lo impredecible que resulta ser el destino de la Zona Euro, el bajón económico de China y el estancamiento del crecimiento de Estados Unidos.

Por ello la tarea fundamental del Gobierno consistirá en redoblar los esfuerzos por incidir de manera más protagónica en la reducción de la pobreza en el campo, con programas mejor implementados de crédito, asistencia técnica, seguridad alimentaria y comercio justo.

Estos programas deben ir acompañados de un agresivo componente de inversión pública, que tenga como prioridad estratégica ampliar la red de caminos productivos y la infraestructura social.

El reto continúa siendo cómo mejorar los niveles de productividad del agro, lo cual ha sido una tarea histórica pendiente en el país. Evidentemente esto no se logrará con la voluntad expresa del Gobierno y de los recursos que destine para ello, se logrará en la medida que haya un compromiso de nación.

Es hora de pasar de los programas asistencialistas a las inversiones públicas en el sector rural y de un despertar de la iniciativa privada. Los precios internacionales no deberían de ser los únicos causantes de la reducción de la pobreza, sino el esfuerzo conjunto de una sociedad y de un Estado que aspiran un futuro mejor para las nuevas generaciones.

* Economista. Investigador de Presupuestos Públicos del Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas, IEEPP

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