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IEEPP
Boletín No. 261 - Noviembre, 2016.
El presente análisis es el resultado del monitoreo de noticias de los países centroamericanos en relación al contexto en materia de seguridad y defensa.
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Violencia y participación ciudadana

El fenómeno de la violencia es uno de los más graves en Centroamérica, ya que provoca el deterioro de la calidad de vida, frena el desarrollo, debilita las economías, violenta los Derechos Humanos, influye en la cultura política de los ciudadanos, por ende afecta también la democracia de los países. En el presente artículo analiza brevemente de qué forma la violencia está frenando la participación ciudadana, elemento importante en el proceso de consolidación de la democracia en los países de la región.


La violencia debilita el binomio Estado-ciudadanía


Las manifestaciones de violencia en la región producto de organizaciones criminales, pandillas juveniles y maras, es como una especie de red que se ha tejido en los países, y en la cual cualquier persona puede caer y ser víctima en cualquier momento, lo que la vuelve escurridiza de los controles de las instituciones de seguridad pública. Esto ocasiona en los ciudadanos un sentimiento generalizado de temor e incertidumbre.


Ante estas condiciones es difícil fortalecer una cultura política en la que las y los ciudadanos se sientan respaldados y protegidos por el Estado, y a su vez, estos respalden y se adhieran activamente la gestión estatal, sobre esta lógica, es entendible que se cuestione el contrato social por el cual los individuos de una sociedad han aceptado y reconocido autoridades, normas y leyes para conservar un orden que propicie el bienestar y desarrollo común, razón de ser de la existencia del Estado.


La poca eficacia de las políticas públicas y estrategias estatales por controlar la violencia, desalienta la participación ciudadana en la vida política del país, pues se deja de confiar en la capacidad de la gestión pública ante los crecientes problemas de seguridad que afectan todos los ámbitos de la sociedad. En este sentido crece la desconfianza en las instituciones estatales y en las herramientas legales como garantes de la seguridad de los ciudadanos y sus bienes.


La violencia que viven los países de Centroamérica, tiene repercusiones en la cultura política de sus ciudadanos, y por tanto, obstaculiza la consolidación de los, hasta ahora, frágiles sistemas democráticos. Debido a que las democracias requieren no solamente de instituciones estatales fuertes y capaces, sino que requiere de la participación ciudadana activa, como expresión de una cultura política que apoye y de legitimidad a la gestión y conducción del Estado.


La violencia puede condicionar rasgos en la cultura política


De acuerdo al sociólogo Robert Dahl (2004) las democracias se caracterizan por ciertos requerimientos, tales como “la posibilidad de elegir a los funcionarios públicos, un mecanismo de elecciones libres, imparciales y frecuentes, libertad de expresión, fuentes alternativas y variadas de información, una ciudadanía inclusiva y autonomía de las asociaciones civiles”. Estos requerimientos no son del todo una realidad en la práctica política de los países centroamericanos, falta muchos aspectos por construir, fortalecer o mejorar, sin embargo podemos afirmar que después de la larga historia de gobiernos militares, autoritarios y dictatoriales que atravesó la región en las décadas de los años 70, 80 y 90; se pasó a establecer gobiernos con estilos “prodemocráticos” (Cruz, 2000).


El fenómeno de la violencia que predomina en Centroamérica, influye en la cultura política tanto de las autoridades estatales como de la población. Pues ante la agudización de los impactos de la violencia, los gobiernos tienden a diseñar estrategias basadas en el excesivo control social, en la represión como forma de enfrentar el crimen de forma directa, esto en cualquier momento violenta los derechos y libertades civiles, como por ejemplo la inseguridad que genera la presencia de militares y policías en las calles utilizando armamento de guerra, fuertes patrullajes nocturnos que restringen la libre movilidad de las personas a determinadas horas de la noche.


Los ciudadanos convencidos de que se deben implementar medidas drásticas para garantizar su seguridad, aceptan condiciones que limitan ciertas libertades y derechos que la democracia debería garantizar en su pleno desarrollo, dando paso a ciertas manifestaciones de autoritarismo y de intervención excesiva de militares en la vida civil de los países.


Una de las características de la cultura política democrática es el “rechazo a las soluciones de fuerza para resolver los problemas de la sociedad” (Berrocal & González, 2000), y lamentablemente la violencia es uno de los problemas que en Centroamérica se está enfrentando con mecanismos de uso excesivo de la fuerza, con medidas como la militarización de la policía. En este sentido se sobrevaloran las estrategias represivas, asignándole grandes cuotas de recursos económicos y humanos, y se ubican en segundo plano aquellas que corresponden a la prevención de la violencia y solución de las causas estructurales como la marginación, la exclusión, la desigualdad, la corrupción.


Este tipo de medidas frente a la violencia, basadas en la uso de la fuerza, alimenta en el imaginario colectivo la idea de que los problemas de seguridad son tarea exclusiva de instituciones públicas especializadas en la materia, y que los ciudadanos tienen poco o nada que hacer en asuntos de seguridad. Lo cierto es que la violencia es un fenómeno que puede ser prevenido y atenuado desde las estructuras básicas de la sociedad como la familia, la comunidad, la escuela y las iglesias.


Es necesario que se aliente a los ciudadanos a ser parte de las tareas de seguridad y prevención de violencia. Sin embargo esta premisa encuentra serias dificultades en la práctica debido a los niveles altos de violencia. Puesto que existen casos, y testimonios de personas que se involucraron en tareas de seguridad y las estructuras del crimen organizado, las maras o pandillas, les han amenazado con quitarles la vida si siguen involucrándose con instituciones públicas en acciones de prevención de violencia.


En El Salvador, se tiene conocimiento de que en una de las comunidades, un grupo de jóvenes empezaron a trabajar con la policía en tareas comunitarias de prevención de la violencia, las pandillas del sector secuestraron y asesinaron a uno de los jóvenes como forma de represalia a quienes estuvieran apoyando a la policía. A raíz del suceso el grupo se desarticuló y no siguieron involucrándose en temas de prevención de violencia.


Entonces cómo hablar y motivar la participación ciudadana, valorando que ésta es un rasgo de una cultura democrática, en espacios y tareas de prevención de la violencia. En estos escenarios los ciudadanos pierden motivación por ser parte de las estrategias gubernamentales, ante el temor de meterse en problemas que les puede costar la vida. Además sumémosle a esta realidad, el poco interés de los gobiernos en fortalecer la participación ciudadana.


La violencia es un elemento que complejiza y problematiza la consolidación de las democracias, pues vemos que la cultura política de los ciudadanos se ve influenciada por las expresiones agudas de la violencia.


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